top of page
  • Foto del escritorLucas Manjon & Giulia Baruzzo

EMANUELA LOI: LA GUARDAESPALDAS DE LA ANTIMAFIA

Emanuela fue una de las primeras mujeres policías en transformarse en escolta. En medio de la guerra de la Cosa Nostra contra el Estado asumió el cuidado del enemigo público número uno de la Cosa Nostra. Su trabajo se transformó en fuente de inspiración para miles de mujeres de policías más. Aquí parte de su historia.

Al igual que en otras muchas áreas, las mujeres también son invisibilizadas en lo que respecta a la guerra y la seguridad. Desde la Antigüedad hasta los primeros años del siglo XX las mujeres solo fueron enfermeras, víctimas, viudas y huérfanas, pero desde la Primera Guerra Mundial comenzaron a tener otro tipo protagonismo. Desde aquel conflicto de proporciones mundiales que inauguró el llamado “siglo de las matanzas”, las mujeres mantuvieron sus posiciones como enfermeras, víctimas, viudas y huérfanas pero también comenzaron a integrarse de manera más activa en la industria de la guerra. Las mujeres ya se encontraban integradas al complejo desarrollo industrial europeo. Ellas junto los niños eran quienes resultaban ser los más explotados por los capitalistas en las enormes moles de ladrillos que albergaba maquinaria para producir tejidos, manufacturas industriales y alimentos ligeramente procesados. En las guerras, las mujeres también comenzaron a ocupar puestos de trabajo y en algunos casos hasta de dirección de fábricas de armas, municiones y medicamentos, todas orientadas a dar respuesta y material a la guerra en curso.


Una vez terminadas las guerras -la Primera y la Segunda Guerra Mundial- las mujeres volvían en el mejor de los casos a ser esposas, madres, hermanas o hijas, cuando no viudas o huérfanas. Los hombres volvían del frente y ocupaban los lugares que se entendía reservados por derecho y que las mujeres solo los habían reemplazado en relación a la función superior que ellos se encontraban realizando: la guerra. Pero con el auge del capitalismo y de la industria de la manufactura accesible a la clase media, la voluntad de incorporar mano de obra se hizo una necesidad. Junto a esta necesidad del mercado en aquellos años se producía en esas dos mismas regiones un movimiento de mujeres de clase media que buscaban el derecho de poder ingresar al sistema laboral en igualdad de condiciones que los hombres. Fue en este mismo tiempo en que los cuerpos del Estado como los juzgados, las fuerzas de seguridad y la administración pública en general comenzaron a admitir a mujeres en sus plantas de empleados; crecía la mano de obra en las fábricas y también lo hacia en la burocracia del Estado.


En el caso de la policía italiana este cambio también se notó en 1959 cuando se creó el cuerpo de policía femenina, que si bien tenía responsabilidades policiales en igualdad de condiciones que los hombres, sus tareas se encontraban direccionadas a la protección de la mujer, los niños y cuestiones vinculadas a delitos sobre la moral. Pero fue recién en 1981 -exactamente veinte años después del primer ingreso de una mujer a la policía italiana en el cargo de inspectora- que las mujeres pudieron tener acceso a todos los cargos y departamentos de la Policía Estatal. Fue aquella reforma del cuerpo policial en 1981 que le permitió a una joven sarda ingresar a la policía y transformarse en escolta de seguridad, siendo una de las primeras en acceder a aquella sección.

Emanuela Loi nació el 9 de octubre de 1967 en Cagliari, la capital de la isla de Cerdeña. Hija de un obrero ferroviario -Virgilio Loi- y una madre ama de casa -Berta Lai-, Emanuela también tuvo dos hermanos mayores -Marcello y Claudia-, siendo esta última la que quizás mayor influencia generó en la las decisiones futuras de la joven de sonrisa amplia y cabellos rubios que desde joven caracterizó a Emanuela. Desde su adolescencia Emanuela aspiró a ser maestra -como su hermana Claudia- y lo logró sin sobresaltos. Luego decidió ingresar al cuerpo de policía del Estado -tal como lo quería hacer y lo hizo su hermana Claudia. Las dos rindieron el examen de ingreso juntas. Emanuela superó con honores el primer examen, luego superó holgadamente el examen oral y las diferentes pruebas de admisión. Si bien en ese mismo tiempo la llamaron para ocupar un cargo de maestra, a Emanuela le había comenzado a gustar el de policía, por lo tanto rechazó la oferta de la escuela y buscó especializarse dentro de la carrera policial.


En los años ochenta la Cosa Nostra se desangraba en medio de una dantesca guerra tanto interna como externa. Las familias asociadas a los Corleonesi -con Salvatore Riina y Bernardo Provenzano a la cabeza- durante los primeros años de la década se dedicaron a asesinar y a desaparecer no solo a los jefes mafiosos contrarios, sino también a todas las familias de esto. Apellidos como Inzerillo, Bontate y Badalamenti -familias que durante varias décadas habían controlado a la Cosa Nostra- ocupaban las tapas de los diarios sicilianos junto a una foto de sus cadáveres. La guerra de la Cosa Nostra -la segunda de su historia-, al comienzo de los años noventa se encontraba totalmente saldada: Riina y Provenzano eran los amos y señores de la Cosa Nostra, de Palermo y de toda Sicilia. Continuaron asesinando a mafiosos vinculados con las familias perdedoras, pero los ataques más grandes y más sangrientos se dirigieron contra los representantes del Estado que enfrentaban a la Cosa Nostra, tanto a los viejos como a los nuevos jefes. Ya habían sido asesinados el honorable Pio La Torre, el genera Carlo Dalla Chiesa, los policías Boris Giuliano, Ninni Cassarà, Beppe Montana, Roberto Antiochia, Natale Mondo entre muchos otros más y también los magistrados Rocco Chinnici, Gaetano Costa, Cesare Terranova también entre muchos otros.

La segunda guerra mafiosa inauguró un nuevo modelo de conducción mafiosa y que tuvo su origen en el propio mecanismo para hacerse de la jefatura de la mafia. El procedimiento sanguinario que implementó el grupo dirigido por los oriundos de Corleone produjo una transformación histórica para el futuro de la mafia y fundamentalmente la antimafia. El objetivo de Riina no solo fue asesinar a su contendientes mafiosos para hacerse de la jefatura de la Cosa Nostra; “la bestia” -como se le conocía a Riina- ordenaba también el asesinato de los familiares y amigos cercanos a los mafiosos rivales, sean estos también parte de la Cosa Nostra o no.


Uno de los que quizás mayor sufrimiento recibió producto de la táctica de Riina, fue el mafioso y futuro "pentito" -arrepentido- Tommaso “Don Masino” Buscetta, un asociado a la familia mafiosa de Porta Nuova bajo la dirección del boss Giuseppe “Pippo” Calò. En el momento más álgido de la segunda guerra mafiosa y con Buscetta del bando enfrentado a Riina, los asesinatos vinculado a su apellido engrosaron las largas listas de muertos vinculados a la mafia: Benedetto y Antonio Buscetta -sus hijos del primer matrimonio-, Vincenzo Buscetta -su hermano-, junto con Domenico y Benedetto Buscetta sus sobrinos. Otros familiares de Buscetta también fueron asesinados por órdenes de Riina: su cuñado Pietro, su yerno Giuseppe Génova y sus dos sobrinos Antonio y Orazio D'Amico.


El supuesto código que decía tener la Cosa Nostra era destruido por las acciones que ordenaba el nuevo boss Toto Riina, que según el criterio de Tomaso Buscetta lo habilitaba a declarar como arrepentido ante las autoridades judiciales. La violencia indiscriminada hasta para un mafioso como Riina, condujo a que algunos mafiosos como Buscetta rompieran el pacto de “omertà” y se entregaran por completo a las manos del Estado, el mayor enemigo de la Cosa Nostra. Las declaraciones de arrepentidos como Tomaso les permitía a magistrados como Giovanni Falcone y Paolo Borsellino emprender juicios contra la mafia, como el llamado “Maxiproceso” en el año 1992. En aquel primer gran acontecimiento contra la mafia, la instrucción judicial de Falcone y Borsellino lograron 360 condenas de diferentes grados. El avance antimafia por parte de un sector del Estado, transformó a aquellos representantes -como Falcone, Borsellino y muchos otros- en el nuevo objetivo de la Cosa Nostra.


A principios de los años ochenta la necesidad de engrosar las filas de los policías asignados a la custodia de políticos, jueces, fiscales, mafiosos arrepentidos y hasta otros policías era un fenómeno muy activo que se sostuvo hasta muy entrados los años noventa. Luego de realizar el curso en la Scuola Allievi Agenti de Trieste en el año 1991, Emanuela Loi fue transferida hacia la convulsionada y sangrienta ciudad de Palermo en Sicilia, mientras todavía se desangraba en las manos de Toto Riina. Entre las primeras asignaciones de Emanuela estaba la de ser escolta de la honorable Pina Maisano Grassi -la cual en 1991 enviudaría ya que su marido fue asesinado por negarse a pagar el impuesto mafioso-, la vigilancia urbana y el trabajo social en las zonas más pobres de Palermo. Con muy poco tiempo de permanencia en la isla y como escolta de policía, Emanuela tuvo varias personas de relevante importancia para su resguardo y custodia: desde el futuro presidente italiano Sergio Mattarella hasta del jefe mafioso Francesco Madonia el cual había ordenado de los asesinatos del prefecto Carlo Alberto Dalla Chiesa en 1982 y del jefe de policía Ninní Cassara en 1985. Madonia había sido detenido en el año 1987 y producto de la asociación de la Cosa Nostra con políticos sicilianos como Salvo Lima, seguiría dirigiendo a su familia mafiosa estando detenido. Bajo esa condición Madonia también ordenaba el asesinato del policía Antonino Agostino en 1989 y del empresario Libero Grassi, el esposo de la honorable Maisano Grassi; en todos estos asesinatos había participado como ejecutante el hijo y sucesor de Franceso en la dirección de la familia, el futuro boss Ninno Madonia.

El atentado de vía Capaci el cual tenía como objetivo a Falcone


El año 1992 fue quizás el año más convulsionado y dramático de la larga historia siciliana. El 23 de mayo de ese año, arribaba desde Roma al aeropuerto Punta Raisi en Palermo, el juez Giovanni Falcone y su esposa -la también jueza Francesca Morvillo. Falcone era el enemigo público número uno de la Cosa Nostra y de los políticos asociados a ella. Al llegar a la isla de Sicilia, Falcone y Morvillo se subían a un vehículo para dirigirse hacia Palermo siendo acompañados de dos vehículos más a modo de custodia. Cuando los tres vehículos llegaron a la salida de la autopista que indicaba la dirección de Capaci, desde una colina cercana y en base a la indicación telefónica de un mafioso que había seguido la caravana de vehículos desde el aeropuerto de Punta Raisi, a las 5:58 de la tarde, los mafiosos Giovanni Brusca y Antonino Gioè accionaron el detonador de los casi mil kilos de TNT colocados debajo de la autopista. Mueren asesinados Falcone y Morvillo junto a los escoltas policiales Costanza, Montinaro, Schifani y Dicillo.


En medio de la convulsión por los asesinatos, las fuerzas de seguridad sabían muy bien que el próximo objetivo seria el fiscal de Palermo, el compañero y amigo de Falcone, Paolo Borsellino. El propio Borsellino sabía que era el objetivo inmediato de la Cosa Nostra. En una entrevista que le brindaba tan solo un mes después del atentado de Capaci, Borsellino recordaba una conversación que había tenido unos años antes con el policía Ninni Cassarà: “somos cadáveres andantes”. La situación de seguridad de Borsellino era crítica. Se limitaron su movimientos y se les asignaron más escoltas. Entre quienes se sumaron a la seguridad del fiscal se encontraba Emanuela. Después del atentado contra Falcone, Emanuela viajó hacia la isla de Cerdeña para pasar unas vacaciones junto a su familia y su pareja. Se quedó allí varios días y regresó a Palermo el miércoles 15 de julio; inmediatamente después se sumó al equipo de custodia del fiscal amenazado.

El atentado de vía D'Amelio

Eran días de largas jornadas de trabajo cargadas de una inestable seguridad de vida, que se percibía tanto en los calles palermitanas como en los rincones más recónditos de una isla enclavada en el mar Tirreno, por ello Emanuela se comunicaba todos los días con sus padres con la intención de tranquilizarlos y también encontrar una bocanada de aliento en una voz conocida. El domingo 19 de julio Borsellino almorzó junto a su esposa y sus dos hijos y luego se trasladó hacia la vía D'Amelio donde vivían su madre y hermana. Acompañado de sus seis escoltas -entre los que se encontraba Emanuela-, Borsellino llegó hasta el número 21 de la vía D'Amelio a las 4.58 de la tarde. Ninguno de los seis escoltas notó nada extraño en el Fiat 126 robado unos días antes que se encontraba estacionado frente a la casa de la madre de Borsellino y que se encontraba cargado con casi cien kilos de explosivos. A las 4:59 de la tarde se accionaba un detonador a distancia y explotaba el Fiat 126 robado: Paolo Borsellino, Agostino Catalano, Vincenzo Li Muli, Walter Eddie Cosina, Claudio Traina y Emanuela Loi eran asesinados en ese instante. A las 4:59 del 19 de julio de 1992 fue asesinada en un atentado con coche bomba, la primera mujer policía en manos de la mafia y en el cumplimiento de su deber como escolta del entonces objetivo número uno de la Cosa Nostra.


La sociedad y muchos trabajadores suelen confundir el funeral de Borsellino con el de los cinco miembros de la policía también asesinados en la masacre de vía D'Amelio. El funeral privado que realizó la familia de Borsellino -habían rechazado el funeral de Estado-, contó con la asistencia de casi diez mil personas que se hicieron acercar para presentar sus respetos a quienes consideraban un héroe que los defendía de la mafia y el Estado corrupto. Allí también se insultó y se desaprobó la presencia de políticos nacionales y provinciales que intentaron asistir a la ceremonia. La confusión no se presenta con los nombres de los abucheados e insultados o con las fechas y locaciones, sino con las incontenibles manifestaciones de los ciudadanos que asistieron al funeral de los policías. Muchos creen que aquellas imágenes en que se puede ver a más de cuarenta mil personas rebalsar el vallado de seguridad de los cuatro mil policías para abrazar a la familia de los asesinados e insultar a los políticos presentes son del funeral del Borsellino, pero en realidad se trata de la ceremonia conjunta que realizaron las familias de Catalano, Li Muli, Cosina, Traina y Loi.

El mensaje de Emanuela es que todos, a nuestra manera, en el día a día, debemos poner de nuestra parte para construir una sociedad en la que los valores de la justicia y la paz están fuertemente arraigados sin que sea necesario morir para defenderlos” - Claudia Loi, hermana de Emanuela.

Esta es la historia de Emanuela, la historia de una joven sarda que desde la adolescencia pensó ejercer una profesión que revitalizará al Estado y a la sociedad. Primero como maestra y luego como policía del Estado italiano. Emanuela siempre tuvo claro el riesgo que corría pero eso no la llevó a desertar de su tarea, de la que ella misma había elegido. Su hermana todavía hoy la recuerda no solo desde el cariño de un familiar sino también como una ciudadana que defiende todos los días su idea de que cada uno debía hacer su parte, cumplir con su deber y no echarse atrás ante las dificultades.

Una de las escuelas que lleva el nombre de Emanuela Loi


Fueron las decisiones que Emanuela tomó en vida las que la llevaron a recibir la medalla de oro al valor civil -un mes después de ser asesinada-, que su nombre se replique en más de cincuenta calles y plazas por todo el país, en diez escuelas, dos jardines públicos y hasta una estatua. Emanuela nunca llegó a imaginar que su nombre se iba a replicar en tantos lugares en toda Italia y tampoco que seria la fuente de inspiración para miles y miles de mujeres en toda Italia que querían pelear contra la mafia, haciendo lo que más exaspera y debilita a la mafia: cumpliendo con su trabajo, fortaleciendo al Estado y luchando por la igualdad.



Comments


bottom of page