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“Libres de elegir”, cuando la mafia deja de decidir el futuro

  • Foto del escritor: Emiliano Cottini
    Emiliano Cottini
  • hace 4 días
  • 9 min de lectura
Italia acaba de convertir en ley una experiencia nacida hace más de una década que busca proteger a niñas, niños, jóvenes y mujeres que deciden romper con entornos familiares vinculados a la criminalidad organizada.
Libres de elegir
Libres de elegir

El 17 de julio de 2026, Italia aprobó la Ley n. 131, denominada “Liberi di scegliere” (Libres de elegir), que establece medidas de protección y asistencia para menores de edad y adultos de referencia que viven en contextos de criminalidad organizada y deciden alejarse de ellos. Sin embargo, reducir 'Liberi di scegliere' a un programa de protección sería desconocer el verdadero alcance de la ley.


Hay leyes destinadas a golpear el poder económico de las mafias; otras permiten encarcelar a sus integrantes, decomisar sus patrimonios o impedir que controlen empresas y administraciones públicas, pero también existen leyes que intentan entrar en territorios mucho más difíciles de alcanzar, como el de los vínculos familiares, afectivos y de poder.


Es allí donde reside la importancia de esta iniciativa, en su capacidad de intervenir en ámbitos como la familia, los vínculos de sangre y las relaciones de poder que permiten a las mafias perpetuar sus códigos y su influencia entre generaciones. 'Liberi di scegliere' introduce una idea aparentemente sencilla, pero potencialmente revolucionaria para la cultura mafiosa. Haber nacido en una familia mafiosa no significa estar condenado a pertenecer a ella.


Ser hijo o hija de un mafioso no obliga a seguir ese camino y ser esposa de un integrante de una organización criminal no significa tener que aceptar para siempre las reglas que le han sido impuestas. 'Liberi di scegliere' cuestiona así un orden familiar basado en la obediencia y en relaciones de poder profundamente desiguales, en el que la autoridad masculina condiciona la vida de las mujeres y determina el futuro de sus hijos.


Para las mafias, esto no es una cuestión menor.


Una historia nacida antes que la ley


'Liberi di scegliere' no nació en el Parlamento. Como muchas de las políticas antimafia más innovadoras desarrolladas en Italia, surgió de una experiencia concreta y de la necesidad de encontrar respuestas que la legislación vigente todavía no ofrecía.


Uno de sus principales impulsores fue Roberto Di Bella, magistrado, y durante años presidente del Tribunal para Menores de Reggio Calabria. Durante años vio pasar por ese tribunal distintas generaciones de las mismas familias. Muchos de aquellos jóvenes procesados como menores regresaban años después como padres de otros niños y adolescentes que comenzaban a recorrer caminos similares.


Detrás de aquellos expedientes aparecían historias que se repetían. Niñas y niños que crecían rodeados de familiares vinculados con la criminalidad organizada y que desde muy pequeños aprendían códigos culturales basados en el silencio, la obediencia, la defensa del honor familiar, la venganza y la pertenencia al grupo.


Calabria es la región donde nació la 'Ndrangheta, una organización mafiosa que con el tiempo ha extendido su presencia mucho más allá de su lugar de origen, hasta convertirse en uno de los principales actores del narcotráfico internacional. Una de sus características históricas es precisamente la importancia de los vínculos familiares. Las relaciones de sangre, los matrimonios y las alianzas entre familias contribuyen a reforzar la confianza y la cohesión interna, favoreciendo la continuidad de la organización de generación en generación.


Fue al observar las consecuencias que ese sistema producía sobre los más jóvenes que comenzó a plantearse una pregunta diferente. ¿Era necesario esperar a que esos niños cometieran un delito para que el Estado interviniera o era posible ofrecerles antes una alternativa?


A partir de 2012, el Tribunal para Menores de Reggio Calabria comenzó a desarrollar una experiencia orientada a responder esa pregunta. Cuando la permanencia dentro del núcleo familiar representaba un grave riesgo para el desarrollo del menor, podían adoptarse medidas destinadas a alejarlo temporalmente de aquel contexto y ofrecerle la posibilidad de vivir, estudiar y crecer en otro ambiente. Di Bella recurrió a las herramientas de protección previstas por el derecho de menores italiano, interpretándolas desde una lógica preventiva frente a la influencia de la criminalidad organizada.


Sin embargo, alejar efectivamente a un niño o a un adolescente de una familia mafiosa no era sencillo. Una medida judicial podía separarlo temporalmente de aquel entorno, pero resultaba mucho más difícil romper los vínculos afectivos, familiares y culturales que continuaban uniéndolo a ese mundo y construir las condiciones para un alejamiento estable.


El verdadero cambio llegó cuando algunas madres decidieron dar un paso que hasta entonces parecía imposible y fueron ellas quienes pidieron ayuda para alejarse del contexto mafioso y empezar una nueva vida junto con sus hijos. Habían comprendido que las reglas que habían condicionado sus propias vidas estaban determinando también las de sus hijos. Para protegerlos, decidieron romper con aquel ambiente, asumiendo el riesgo de abandonar la red de relaciones familiares, económicas y afectivas que había definido hasta entonces su existencia.


Ya no se trataba únicamente de alejar a un menor de un contexto peligroso. En algunos casos eran las propias madres quienes elegían marcharse con sus hijos y pedían una oportunidad concreta para reconstruir sus vidas. Alrededor de estas decisiones fue construyéndose una red formada por magistrados, servicios sociales, organizaciones de la sociedad civil, comunidades de acogida y sectores de la Iglesia. 


Lo que comenzó como una respuesta judicial se convirtió progresivamente en un recorrido más amplio de protección y acompañamiento. Muchos años después, aquella experiencia encontró finalmente un reconocimiento legislativo nacional.


Las mujeres y la ruptura del orden mafioso


La decisión de estas mujeres permite observar un aspecto de las mafias que durante mucho tiempo permaneció en segundo plano. Las organizaciones mafiosas tradicionales no se construyeron únicamente alrededor de actividades criminales y relaciones de poder económico o político. También se desarrollaron dentro de una cultura profundamente patriarcal, que encuentra en la propia familia uno de los principales espacios para establecer jerarquías, comportamientos y roles muy definidos para hombres y mujeres.


Esto no significa que las mujeres hayan ocupado siempre posiciones pasivas. Las investigaciones judiciales han mostrado numerosos casos de mujeres que administraron recursos, transmitieron órdenes, mantuvieron las comunicaciones con integrantes encarcelados de los clanes o asumieron directamente responsabilidades criminales. Reconocer ese protagonismo, sin embargo, no elimina el carácter patriarcal de las relaciones sobre las que históricamente se construyó el poder mafioso. Una organización puede conferir poder a una mujer y, al mismo tiempo, negarle la libertad.


Dentro de este sistema, la autonomía individual queda subordinada al interés de la familia y la identidad de una mujer puede estar determinada durante gran parte de su vida por su relación con los hombres que la rodean, como hija, hermana, esposa o madre. Las relaciones afectivas, la sexualidad, la maternidad y las decisiones sobre los hijos quedan sometidas a reglas que buscan preservar la cohesión, la reputación y los intereses del grupo.


La autoridad masculina dentro de la familia adquiere, así, un significado que va más allá de las relaciones privadas. Cuando detrás de un padre o de un marido se encuentra también el poder de una organización criminal, desobedecer significa enfrentarse no solamente a un hombre, sino a todo un sistema de relaciones, lealtades y amenazas.


Es precisamente por eso que la decisión de algunas madres de marcharse con sus hijos tiene un significado particularmente profundo, que no se limita a una búsqueda individual de protección. Al romper las reglas que les habían sido impuestas, estas mujeres cuestionan la autoridad masculina, el principio de obediencia y la idea de que sea la familia mafiosa quien decida el futuro de sus integrantes. Abandonar una familia mafiosa no supone únicamente romper con una organización criminal; implica desafiar un orden social, familiar y cultural construido para impedir precisamente esa posibilidad.


Libera ha sido uno de los principales impulsores de esta experiencia y, posteriormente, de la aprobación de la ley 'Liberi di scegliere'. Después de su aprobación, su presidente, don Luigi Ciotti, afirmó que fueron precisamente estas mujeres quienes abrieron una brecha dentro de los circuitos criminales, demostrando que el deseo de libertad puede ser más fuerte que la voz de un dueño, incluso cuando esa voz se confunde con los afectos y los vínculos de sangre.


En esa brecha se encuentra una de las dimensiones más innovadoras de 'Liberi di scegliere'. Una mujer que abandona un contexto mafioso junto con sus hijos no solamente intenta cambiar su propia vida. Rompe una cadena de transmisión que puede atravesar generaciones y reivindica para sus hijos el derecho a vivir un futuro diferente.


Cuando la protección se convierte en un derecho


La aprobación de la Ley n.º 131 marca un cambio fundamental. Una experiencia desarrollada durante años a través de decisiones judiciales, protocolos y redes de apoyo se convierte en una política pública nacional. La posibilidad de alejarse de un contexto mafioso y recibir protección deja así de depender únicamente de la capacidad de respuesta de quienes intervienen en cada caso y encuentra finalmente un marco jurídico destinado a garantizar derechos y acompañamiento en todo el territorio italiano.


La ley está dirigida principalmente a menores que viven en contextos de criminalidad organizada y están expuestos a situaciones capaces de comprometer su desarrollo y su libertad. También contempla a jóvenes que han participado en actividades criminales y manifiestan la voluntad de alejarse de esos ambientes y, bajo determinadas condiciones, permite prolongar los recorridos de protección hasta los 25 años.


Uno de los aspectos más importantes es que las medidas pueden extenderse a las madres y a otros adultos de referencia que decidan romper con el contexto criminal junto con los menores. La protección ya no implica necesariamente separar a los hijos de sus familias. Puede significar, en cambio, ofrecer a una madre y a sus hijos la posibilidad de marcharse juntos y comenzar otra vida.


Salir, sin embargo, es apenas el comienzo. Quien abandona una familia mafiosa tiene que dejar atrás su casa, sus afectos, sus relaciones sociales y sus fuentes de ingreso. Por eso la ley contempla asistencia psicológica, educativa, social y económica, además de medidas para garantizar la continuidad de los estudios, la formación y la construcción de una futura autonomía laboral.


Empezar de nuevo implica también desaparecer de los lugares y de las redes donde una persona puede ser localizada. La ley prevé el traslado a lugares seguros y, entre sus medidas más delicadas, la posibilidad de utilizar documentos de cobertura y, en determinadas circunstancias, modificar oficialmente su identidad. Acciones cotidianas como inscribir a un hijo en una escuela, acudir a un hospital, buscar una casa o realizar un trámite administrativo pueden convertirse en una fuente de riesgo cuando alguien intenta mantenerse lejos de su entorno criminal.


La historia de Lea Garofalo, asesinada en 2009 como represalia por haber roto con su entorno mafioso y haber decidido construir una vida diferente junto a su hija, recuerda dramáticamente los riesgos que puede implicar una elección de este tipo. Alejarse, por lo tanto, no es suficiente. Después hay que reconstruir relaciones, conquistar una autonomía económica y recuperar una normalidad que durante mucho tiempo puede parecer inalcanzable.


La protección no puede limitarse a ocultar a una persona; debe crear las condiciones para que pueda volver a vivir.


Una nueva frontera en el combate a las mafias


Durante décadas, la experiencia italiana ha ampliado de manera progresiva los espacios de intervención frente al poder mafioso. A la persecución penal de sus integrantes se sumó la posibilidad de atacar los patrimonios acumulados ilegalmente y, más tarde, de devolver a la sociedad los bienes confiscados.


La reutilización social de esos bienes introdujo un cambio cultural profundo. Una casa, una empresa o una tierra que habían representado el poder de una organización criminal pueden convertirse en espacios de trabajo, educación y participación social. No se trata solamente de quitar recursos económicos a las mafias, sino también de debilitar su capacidad de construir prestigio, consenso y control sobre los territorios.


'Liberi di scegliere' puede interpretarse como un nuevo paso dentro de esta evolución. Esta vez la intervención no se dirige a los patrimonios ni a los negocios, sino a una dimensión más profunda del poder mafioso: su capacidad de perpetuar códigos, lealtades y relaciones de poder dentro de las familias y transmitirlos de una generación a otra.


Evidentemente, las personas no pueden compararse con los bienes que se confiscan a una organización criminal. Sin embargo, existe un punto de contacto entre estas dos experiencias. Así como la reutilización social afirmó que los territorios y las riquezas acumuladas por las mafias podían ser restituidos a la comunidad, 'Liberi di scegliere' afirma que ningún grupo criminal puede apropiarse del futuro de quienes nacieron dentro de él.


Desde esta perspectiva, proteger a una mujer que decide marcharse o permitir que un niño crezca lejos de determinados códigos familiares no es solamente una política social. Es también una forma de prevención frente al crimen organizado. Sin embargo, la aprobación de una ley no garantiza por sí sola que estas decisiones puedan sostenerse en el tiempo. Para que 'Liberi di scegliere' cumpla su promesa serán necesarios recursos, instituciones capaces de aplicarla y una sociedad dispuesta a acompañar elecciones que pueden tener un costo personal enorme.


Pero la ley introduce una transformación profunda: convierte una posibilidad construida durante años a partir de experiencias individuales en un derecho reconocido por el Estado. Quizás sea precisamente esta la fuerza de su nombre. 'Liberi di scegliere' no pretende decidir por quienes nacieron y crecieron dentro de una familia mafiosa, ni borrar los vínculos, los afectos y una historia que inevitablemente forma parte de sus vidas. Afirma, sencillamente, que esa historia no debe determinar también su futuro.


Es ahí donde el derecho a elegir adquiere toda su fuerza. Frente a un poder que durante generaciones ha buscado convertir los vínculos de sangre en pertenencia y la pertenencia en destino, elegir significa romper una cadena que parecía inevitable y afirmar que ninguna familia, ningún apellido y ninguna organización criminal pueden privar a una persona de la libertad de construir su propio futuro.

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