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  • Foto del escritorLucas Manjon

GIOVANNI FALCONE: EL CIENTÍFICO ANTIMAFIA

Giovanni Falcone fue un juez italiano precursor en la implementación y el desarrollo de nuevos métodos de investigación, como el delos colaboradores arrepentidos y la persecución del dinero. Mediante esas dos prácticas, logró la condena de casi 400 mafiosos e implementó una forma científica de perseguir a los criminales. Aquí una parte de su historia.
Giovanni Falcone, el hombre que marco un camino contra el crimen organizado.
Giovanni Falcone, el hombre que marco un camino contra el crimen organizado.

A las 17:57 del 23 de mayo de 1992, una caravana de autos blindados marca Fiat Croma circulaba a una velocidad que no era la regular. Iba más lenta que los otros fines de semana. No superaba los cien kilómetros por hora y tardaba unos minutos más de lo normal en llegar a la salida de Capaci de la autopista A29. Un minuto después, la comunicación que dos mafiosos mantenían se interrumpió, cuatro segundos después una bomba de casi 1.000 kilos de TNT explotaba justo por debajo del primer auto de la caravana. A las 17:58 del 23 de mayo de 1992 la masacre de Capaci comenzaba a tomar forma. Quizás había comenzado antes, cuando otros mafiosos observaban a la caravana salir del aeropuerto de Punta Raisi. El primer auto, el Croma de color marrón en el que viajaban los policías Antonio Montinaro, Vito Schifani y Rocco Dicillo volaba a unos cuantos metros de la autopista y caía sobre una arboleda con sus tres ocupantes fallecidos en el instante. El segundo auto, el Croma blanco que era conducido por Giovanni Falcone, impactaba de lleno contra los bloques de asfalto que se levantaban producto de la explosión de la bomba colocada debajo del pavimento, en un túnel de drenaje que cruzaba a la autopista. Giovanni iba acompañado por su esposa, la jueza Francesca Morvillo. La caravana iba más lenta que de costumbre porque ese día Giovanni había querido conducir. Obviamente lo hacía a una menor velocidad que cualquiera de sus escoltas de la policía, expertos avezados en el manejo a alta velocidad. Giuseppe Costanza, el policía y chofer asignado iba en la parte trasera, suerte del destino para él. El juez Giovanni y la jueza Francesca no llevan puesto el cinturón de seguridad, de igual forma habría sido en vano. El concreto se levantaba de golpe, el auto impactaba de lleno, a alta velocidad y los cuerpos de los dos ocupantes delanteros chocaban de lleno contra el parabrisas. Ambos quedaban atrapados. Los ocupantes del tercer auto, el Croma azul, los policías Paolo Capuzza, Gaspare Cervelló y Ángelo Corbo sobrevivían a la explosión. Luego de la confusión natural de sentir una bomba estallar a menos de diez metros, descendían y se colocaban cerca del segundo auto para defenderlo de un posible segundo ataque. La muerte del juez que en gran medida había cambiado la mirada y los métodos con los cuales se investigaba a la mafia era un objetivo prioritario, cualquier cosa podía seguir pasando.


Giovanni Salvatore Augusto Falcone nació el 18 de mayo de 1939 en la ciudad de Palermo, en la isla de Sicilia, en el seno de una familia de profesionales de clase media, reconocida y valorada en casi toda la ciudad, seguro debieran de tener detractores. Arturo, su padre, era el director del Laboratorio Provincial de Higiene y Profilaxis del Ayuntamiento de Palermo. Su madre, Luisa Bentivegna, era ama de casa y la hija de un reconocido ginecólogo. Con dos hermanas mayores se completaba el núcleo familiar. El joven Giovanni asistía a la escuela primaria Giovanni Verga y al Liceo Umberto I, las dos en el centro de Palermo. Dotado de una actitud vigorosa, llevaba una vida social bastante animada por fuera de sus obligaciones escolares. Participaba activamente en las actividades deportivas y recreativas que organizaba la Acción Católica. En una adolescencia tan simple como acelerada por la geografía del barrio y la sincronía azarosa de la historia, compartía varías de sus actividades sociales con Paolo Borsellino, otro adolescente del barrio, con quien concebía una amistad que duraría toda la vida. Al terminar sus estudios secundarios durante un corto periodo de tiempo se trasladaba hasta la ciudad de Livorno con el objetivo de convertirse en ingeniero naval. Tan solo cuatro meses después desechaba aquella elección y retornaba hasta su Palermo natal, se matriculaba en la universidad de Palermo y comenzaba sus estudios en Derecho.

El joven Giovanni Falcone en las montañas de Sicilia.
El joven Giovanni Falcone en las montañas de Sicilia.

Los primeros años de vida de la familia Falcone transcurrieron en el histórico y populoso barrio de fisonomía árabe de Kalsa, en una casa ubicada en la vía Castrofilippo 1, a unos pocos pasos de la Piazza Maggione. Kalsa había sido uno de los barrios más afectados de Palermo por los bombardeados norteamericanos e ingleses durante la Segunda Guerra Mundial. A finales de los años cincuenta y comienzo de los sesenta, en Palermo había comenzado una práctica que con el paso del tiempo se extendería a casi todos los países del mundo. Los líderes máximos de la Democracia Cristiana -el partido mandamás de la época- entregaba a varias familias de la Cosa Nostra la posibilidad de derrumbar el patrimonio histórico y cultural de la ciudad para transformarlo en edificios modernos, automatizados y deficientes que terminaban modificando radicalmente la fisonomía de la ciudad antigua. Los permisos de obra se entregaban mayoritariamente a empresas que la mafia controlaba. Aquellas obras eran, por un lado, una reserva de trabajo que la mafia controlaba y que al momento de las elecciones hacía valer. Por el otro, una fuente inagotable de oportunidades para lavar el dinero que obtenían de la extorsión, el contrabando y el tráfico de heroína hacía los Estados Unidos. Giovanni y su familia sufrían las decisiones especulativas y criminales de la política urbanística determinada por el Municipio de Palermo y la mafia durante aquellos años. Su casa iba a ser derribada y debían mudarse.


Giovanni terminaba de estudiar la carrera de Derecho en 1961. Un año después conocía y se enamoraba de Rita Bonnici, una joven maestra de escuela primaria que lo acercaba a las ideas del socialismo y que le abría las puertas a un nuevo mundo, lejano al de la tradición y la religión católica que tanto se profesaba en la casa de los Falcone. Dos años después de comenzada la relación y mientras Giovanni se preparaba y aprobaba el examen necesario para ingresar al poder judicial, la pareja se casaba en la Basílica de la Santísima Trinidad del Canciller de Palermo. El primer destino de Giovanni como magistrado era el pequeño pueblo de Lentini, en la provincia de Siracusa. Luego se trasladaría junto a Rita hasta la ciudad de Trapani, en la otra punta de la isla, donde comenzaba a madurar política y jurídicamente en la función de magistrado. La vida de la joven pareja en Trapani era verdaderamente tranquila, con una atractiva vida social que Rita promovía y que Giovanni, cuando su carácter y retraimiento se lo permitían, acompañaba e intentaba algunas veces disfrutar. Después de diez años de matrimonio y de trabajo en la carrera judicial, la relación con Rita se encontraba particularmente afectada. La vida en Trapani no era lo que Giovanni esperaba. Dos años más tarde, en 1978, Giovanni solicitaba su traslado a la capital y era designado magistrado en el sector de quiebras del tribunal de Palermo, pero llegaba solo hasta allí. Su matrimonio con Rita se había terminado cuando ella le anunciaba que estaba enamorada de Cristoforo Genna, un colega de él.


Giovanni Falcone despues de terminar su carrera de Derecho.
Giovanni Falcone despues de terminar su carrera de Derecho. Fondazione Falcone

Las décadas del setenta y del ochenta serían particularmente dolorosas para los italianos, en particular para los sicilianos. En el norte del país, las agrupaciones de extrema izquierda y de extrema derecha cometían atentados reivindicativos de lo más diverso. En el sur, las familias mafiosas asesinaban a otras familias mafiosas y se animaban a asesinar funcionarios del Estado. Las investigaciones judiciales en cabeza de un sector de la justicia y la policía inquietaban a ciertos sectores de la mafia. Se empezaban a interrumpir una serie de negocios vinculados con el tráfico de drogas, y los días y las noches del lado occidental de la isla de Sicilia comenzaban a oler a sangre y pólvora. En marzo de 1979 asesinaban a Michele Reina, el secretario provincial de la Democracia Cristiana de Palermo; en julio, mientras tomaba un espresso y esperaba un informante que nunca aparecía o que no llegaba a tiempo, asesinaban al jefe de la Escuadra Móvil de Palermo, Boris Giuliano. Dos meses más tarde -el 25 de septiembre de 1979-, las familias mafiosas agrupadas en torno a la empobrecida región de Corleone asesinaban al Juez de Instrucción ante el Tribunal de Palermo, Cesare Terranova. Junto a él se encontraba su custodio Lenin Mancuso, el ángel de la guarda según la viuda del magistrado. Terranova, que había sido asesinado a la salida de su casa, en su auto, cuando se dirigía a su despacho, era reemplazado por el magistrado Rocco Chinnici. Pero la Cosa Nostra no se conformaba y continuaba asesinando. El 4 de mayo de 1980, Emanuele Basile, el capitán de los Carabinieri de la ciudad de Monreale era asesinado con varios disparos en la espalda y su hija en brazos. El 6 de agosto, el fiscal Gaetano Costa, que había ordenado la detención de cincuenta y seis mafiosos -los mismos que había investigado Basile-, también era asesinado con varios tiros en la espalda.


Desde el comienzo de su gestión en el Palacio de Justicia de Palermo, ese edificio monumental de bases arquitectónicas de sustancia fascista, el magistrado Rocco Chinnici se decidía a transformar el paradigma de investigación en torno a la mafia. Hasta ese momento, las investigaciones se dividían, se compartimentaban en varias oficinas, avanzaban o retrocedían según el impulso, la dedicación y el ingenio que cada uno de los funcionarios les dedicaban. Bajo la dirección de Rocco, todos los magistrados a su cargo debían reunirse cada semana y compartir la información con sus colegas para nutrirlas mutuamente. El paradigma y el método de Rocco serviría para dar sustento a la teoría -su teoría- sobre que la mafia era una estructura criminal compleja, organizada y jerarquizada. Si bien Giovanni ya se había comenzado a familiarizar judicialmente con cuestiones de mafia durante su estancia en Trapani, cuando arribaba a Palermo, despues del asesinato de Cesare Terranova, aceptaba la reiterada invitación de Rocco para trabajar junto a él.


Su primera investigación era aquella que había comenzado Boris Giuliano y que había pasado por las manos de Emanuele Basile y Gaetano Costa. Todos terminaban asesinados por la Cosa Nostra. La investigación tenía como protagonista a las familias mafiosas más importantes de Sicilia y de los Estados Unidos, a un gran número de bancos nacionales e internacionales, a gran parte de la política italiana -fundamentalmente la siciliana, aunque también la vaticana- y a muchos representantes del sector empresario. Entre estos últimos, aunque bien podía estar entre los primeros, se encontraba Rosario Spatola, un vendedor ambulante de leche que se había transformado en un exitoso empresario gracias a los negocios de sus primos Salvatore Inzirello y de Carlo Gambino, boss de la familia Passo di Rigano de Palermo y uno de cinco jefes de las familias mafiosas de la ciudad de Nueva York respectivamente. Spatola lavaba dinero a través de los permisos para demoler y construir edificios frecuente y honrosamente repetitivos que le otorgaban durante los años del saqueo de Palermo. También poniendo a disposición sus propiedades para que sus parientes mafiosos sicilianos y químicos marselleses instalarán laboratorios para fabricar heroína; también ingresando al sistema financiero internacional -sobre todo desde Estados Unidos y Sicilia- las ganancias obtenidas por el tráfico de heroína.


La investigación resultaba ser tan amplia y compleja que despertaba en Giovanni la necesidad de crear un método que en el futuro pudiera ser aplicado a las restantes causas penales que involucraran delitos de lavado de dinero. Él consideraba que ese tipo de causas se deberían nutrir de pruebas objetivas e imposibles de considerar parciales, reconstruir el camino, las manos, las cuentas y las inversiones por donde paso el dinero era ese método. El dinero deja rastros en todo su camino. En el verano de 1982, el Juzgado de Instrucción de Palermo a cargo de Giovanni Falcone emitía una orden de "colaboración" a todos los bancos y casas de cambio de la región de Palermo y Trapani para que informarán todas las operaciones de cambio de divisas extranjeras -principalmente de dólares a liras- que hayan realizado desde 1975 a la fecha. La disposición judicial despertaba una enorme preocupación y malestar en el entorno de los banqueros vinculados a la mafia, pero también en todo el sector empresario siciliano que de alguna u otra forma tenía vínculos familiares, comerciales, de terror o financieros con la Cosa Nostra.


Las amenazas eran cada vez más frecuentes entre los magistrados que tenían a su cargo investigaciones que de alguna u otra manera se relacionaban con la mafia. Hasta los asesinatos de los magistrados Terranova y Costa, los jueces no solían tener custodia. La mafia no mataba funcionarios. Después de todo eso, Giovanni también debía transitar una vida que sería ininterrumpidamente compartida con oficiales de policía. Las amenazas, la custodia y el aumento en los niveles de trabajo y violencia, trastocaba la rutina y la vida en pareja que Giovanni intentaba llevar junto a Francesca. Francesca Laura Morvillo nació el 14 de diciembre de 1945. Era magistrada y había conocido a Giovanni en una cena de amigos en el año 1979. Muy rápidamente comenzaban una relación que durante mucho tiempo decidían mantener en secreto. Ella era la hija del magistrado Guido Morvillo. La hermana del magistrado Alfredo Morvillo, el compañero de Giovanni. Pero fundamentalmente era la joven magistrada que se había recibido como abogada a los 22 años, que había sido el mejor promedio de su clase, una de las primeras mujeres juezas de Italia, la magistrada de Agrigento y la meticulosa fiscal adjunta de menores de Palermo. También era una mujer separada de hecho y que mantenía una relación con un hombre, con otro juez, famoso, que también se había separado de hecho y según los murmullos del jet set, por causas de terceros.

1982 - Ninni Cassarà, Giovanni Falcone y Rocco Chinicci llegan a la escena del crimen donde asesinaron a Pio La Torre y Rosario Di  Salvo. Fondazione Falcone.
1982 - Ninni Cassarà, Giovanni Falcone y Rocco Chinicci llegan a la escena del crimen donde asesinaron a Pio La Torre y Rosario Di Salvo. Fondazione Falcone.

Los mafiosos de la región de Corleone, que en 1958 habían comenzado un meteórico y sangriento ascenso, en 1981 se lanzaban a una nueva guerra -la primera ocurrió en los sesenta y no los tuvo como protagonistas- contra las familias mafiosas más poderosas y tradicionales de Palermo, de la ciudad en la que surgió la mafia. La cacería que desataban los corleoneses sobre las familias Bontate e Inzerillo -en particular- generaba que la Escuadra Móvil de Palermo -dirigida por Ninni Cassarà-, trazará el mapa de la nueva Cosa Nostra. En un informe que se titulaba "Michelle Grecco + 161", policial y judicialmente se presentaban los nombres, las zonas de influencia y el tipo de actividades a las que se dedicaban las familias en guerra, en especial de las que se mostraban vencedores. El trabajo era el resultado de un largo y peligroso trabajo de Ninni Cassarà y los policías Beppe Montana y Calogero Zucchetto, entre otros. Calogero era un joven de 28 años que había vivido toda su infancia en Palermo, que conocía a muchos de los mafiosos desde esa misma infancia, que tenía informantes en bares, discotecas, prostíbulos y mercados. Debido a ese conocimiento de los hombres y el terreno -cual si fuera un campo de batalla-, Calogero era quien se lograba ponerse en contacto con Salvatore Contorno, un mafioso que sobrevivía a la guerra de los corleoneses y aceptaba transformarse en un pentito, un arrepentido, un colaborador de la justicia o un infame, según quien lo definiera.


En abril 1982, los corleoneses que ya eran los claros vencedores de la guerra, acribillaban a balazos al político sindical comunista Pio La Torre y a su compañero de partido Rosario Di Salvo. El primero había sido compañero del magistrado Terranova en el Parlamento nacional y en conjunto habían presentado -ante la Comisión Antimafia-, un informe en el que acusaban a varios líderes de la Democracia Cristiana de Sicilia de mantener vínculos criminales y económicos con la Cosa Nostra. También habían trabajado en una modificación del código penal. Proponían incorporar la figura de la asociación mafiosa y la posibilidad de decomisar los bienes a esas organizaciones. Unos pocos meses después -el 3 de septiembre-, nuevamente a través de los fusiles de origen soviético Kaláshnikov asesinaban al General y Prefecto de Palermo, Carlo Alberto Dalla Chiesa junto a su esposa Emanuela Setti Carraro. Al otro día, el Parlamento nacional aprobaba la propuesta de Pio La Torre y se inauguraba una nueva etapa en la lucha contra la mafia. En noviembre de ese mismo año, también se asesinaba a Calogero Zucchetto.


En 1983, la investigación sobre Spatola y los otros mafiosos imputados hacía años por Gaetano Costa llegaba a su fin. El empresario de la mafia terminaba condenado a diez años de prisión por lavado de dinero junto a otros setenta y cinco mafiosos. El resultado de aquel juicio institucionalizaba -no solo en Italia- el método Falcone: reconstruir la ruta del dinero. Tras la sentencia contra Spatola y los otros, Rocco Chinnici conformaba e institucionalizaba un grupo de magistrados íntegramente dedicados a investigar a la mafia. El equipo que se lo reconocería históricamente como el pool antimafia se integraba por el propio Giovanni, Paolo Borsellino, Giuseppe Di Lello y Leonardo Guarnotta. La estrategia definida por Rocco y los resultados del equipo elevaba los niveles de riesgo en torno a todos los magistrados que lo integraban. El 29 de julio de 1983, cuando Rocco salía de su departamento en vía Pipitone Federico. Un auto Fiat 126 verde, cargado con 75 kilos de TNT, estacionado a unos pocos metros del portal estallaba y causaba la muerte de Rocco, sus dos escoltas -los policías Mario Trapassi y Salvatore Bartolotta- y el portero de su edificio, Stefano Li Sacchi. El asesinato de Rocco sorprendía a Giovanni en Bangkok, mientras interrogaba a Koh Bak Kin, un traficante de origen chino asociado a la Cosa Nostra. La muerte de su amigo y colega no solo le provocaba un vacío inconmensurable, además lo comenzaba a preocupar seriamente por su seguridad y la de todo su entorno. También se preocupaba por la estrategia que la mafia anunciaba: se garantizaba efectividad -o por lo menos conmoción- y la transmisión de sus consecuencias en el propio acto, en directo y para toda la sociedad palermitana.


Francesca Laura Morvillo, una de las primeras mujeres magistradas de Italia y pareja de Giovanni Falcone.
Francesca Laura Morvillo, una de las primeras mujeres magistradas de Italia y pareja de Giovanni Falcone.

El asesinato de Rocco no solo trastocaba la presunción de muerte de Giovanni, también la del Tribunal de Palermo que necesitaba un sustituto a la altura del predecesor. Antonino Caponnetto era fiscal adjunto en Florencia -a más de mil kilómetros de distancia de Sicilia- y no tenía demasiado conocimiento judicial sobre el fenómeno mafioso. Tampoco conocía a la mayoría de los magistrados que trabajaban en ese tipo de causas. Desoyendo los pedidos de su familia, Antonino se postulaba como el sucesor de Rocco para el Juzgado de Instrucción ante los Tribunales de Palermo. La solicitud era rápidamente aprobada por el Consejo de la Magistratura. Antonino se trasladaba hasta Sicilia para dirigir el juzgado, defender el trabajo del pool antimafia y vivir durante un buen tiempo, en la habitación de un cuartel de Carabinieri.


La matanza de bosses y familiares emprendida por los corleoneses terminaba en el año 1984. La mayor parte de los muertos no eran bosses. Los familiares que tuvieran o no relación en las actividades mafiosas de sus parientes eran asesinados. El jefe de los corleoneses -Salvatore Riina- ordenaba asesinar familiares hasta la vigésima decencia en el caso de no poder acabar con la vida del mafioso al que buscaban. Tommaso Buscetta, un asociado a la familia mafiosa de Porta Nuova sería uno de los que mayores pérdidas humanas sufriría en el transcurso de esa guerra. Era también uno de los tantos adolescentes que cuarenta años antes había compartido actividades y espacios recreativos con el joven Giovanni en las calles del barrio de Kalsa. Buscetta estaba prófugo de la justicia italiana desde hacía pocos años. Bajo la falsa identidad de Paolo Roberto Felici se había escondido de la justicia y de los corleoneses en Brasil. El 23 de octubre de 1983, en una mansión en San Pablo era detenido junto a su esposa, sus cuatro hijos y el hijo del ex boss de Cinisi, Leonardo Badalamenti, otro de los perseguidos por los vencedores de la segunda guerra. En tan solo un par de años, los sicarios de la nueva cúpula de la Cosa Nostra habían asesinado a once familiares de Buscetta: dos de sus hijos, un hermano, un sobrino, un yerno y cuatro sobrinos. Después de la detención en San Pablo era trasladado hasta Brasilia -la capital de Brasil- y estaba durante más de un año recibiendo la visita de diferentes funcionarios judiciales italianos -entre ellos Giovanni- que lo intentaban convencer para que se acogiera a la figura de arrepentido colaborador para la justicia, o de infame para los mafiosos. Educada y sistemáticamente rechazaba las invitaciones y los posibles beneficios. Intentaba suicidarse para no ser extraditado a Italia, pero no lo lograba.


Francesca Morvillo y Giovanni Falcone.
Francesca Morvillo y Giovanni Falcone.

Aquella postura de Buscetta quedaba a un lado cuando llegaba a Roma escoltado por las fuerzas de seguridad italiana, cubriendo sus manos esposadas con una frazada y terminaba alojado en la Jefatura de Policía en Roma. Inmediatamente después de su extradición aceptaba conversar con Giovanni, la persona que había conocido exiguamente cuando los dos eran adolescentes, que nunca se habían vuelto a ver hasta ese momento y que habían elegido dos caminos de vida totalmente opuestos. Uno se había transformado en un funcionario judicial penal de los más importante de Italia, el otro, en un mafioso que supo construir buenos vínculos con las familias más importantes de la Cosa Nostra y se había enriquecido con el narcotráfico. También había perdido a once familiares en menos de dos años. Desde las primeras reuniones, Buscetta comenzaba a entregarle a Giovanni una minuciosa descripción sobre cómo estaba organizada, como funcionaba, quienes la integraban y hasta cómo podían llegar a integrarse a la Cosa Nostra los nuevos mafiosos; también le advertía sobre el sufrimiento que le iba a significar ser el poseedor de todo ese nuevo. “Se lo advierto, señor juez. Después de este interrogatorio quizás te conviertas en una celebridad, pero tu vida quedará marcada. Intentarán destruirlo física y profesionalmente. No olvides que tu cuenta con la Cosa Nostra nunca se cerrará". Durante más de un mes, Giovanni escuchaba como Buscetta denostaba a la nueva dirección de la Cosa Nostra, sobre esos nuevos bosses que profanaban al supuesto código de honor y a los supuestos valores morales de la antigua mafia.


En septiembre de 1984, la investigación sobre la Cosa Nostra se aceleraba por las declaraciones de Buscetta, pero aún no estaba concluida. Sin embargo, las sospechas de Giovanni sobre una posible fuga de información lo obligaban a ejecutar en una sola noche, más de 350 órdenes de detención en varios puntos del país. El riesgo de que esa filtración se produjera llegaba a oídos de Giovanni cuando un periodista del diario L'Espresso se presentaba en el juzgado y le consultaba sobre algunas cuestiones que hasta ese entonces eran reservadas. Giovanni decidía retener al periodista en su despacho. Durante varias horas lo encerraba, hasta que lograran despertar a Giuseppe Di Lello y que éste firmara los documentos necesarios para cumplir con esas órdenes. En el llamado bombardeo de San Michele, el 29 de septiembre -día del arcángel Miguel-, las fuerzas de seguridad cumplían con la mayor parte de las órdenes de arresto. Solo unos pocos mafiosos conseguían escapar. La investigación sobre la Cosa Nostra continuaba y sumaba las declaraciones de un nuevo arrepentido colaborador o infame -según quien lo diga-, de Salvatore Contorno, aquel mafioso que sobrevivió a un atentado y que el policía Calogero Zucchetto lo convencía de colaborar. Contorno sustentaba las declaraciones de Buscetta y les daba otro nuevo impulso. La presión de la justicia y de las fuerzas de seguridad hacían reaccionar a los líderes de la Cosa Nostra. En 1985 ordenaban una nueva serie de asesinatos. En julio era asesinado el policía Beppe Montana. En agosto, los policías Ninni Cassarà y Roberto Antiochia. Tres de los más estrechos colaboradores del pool antimafia. El rumor que circulaba por las calles, los pasillos del Palacio de Justicia y por las cárceles de la isla señalaba a Giovanni y a Paolo Borsellino como los próximos objetivos de la Cosa Nostra.


Giovanni Falcone en una reunón en el FBI de los Estados Unidos.
Giovanni Falcone en una reunón en el FBI de los Estados Unidos.

La relación de pareja de Giovanni y Francesca sufría los embates que esa vida agitada y embebida de peligro les entregaba. Giovanni se decidía a no tener hijos, “no se traen huérfanos al mundo, se traen niños”. Tampoco sabía si casarse o no, “no se dejan viudas en el mundo”. Como el riesgo de vida era tan alto, para poder terminar la acusación y llevar a juicio a más de 700 mafiosos acusados de integrar y/o colaborar con la Cosa Nostra, los amigos y compañeros -Giovanni y Paolo- junto a sus familias se trasladaban a la cárcel de máxima seguridad de Asinara, en la isla de Cerdeña. Giovanni, Francesca, Paolo y toda su familia convivían durante más de un mes entre los muros reforzados, las rejas y los alambrados de la cárcel. Recién el 8 de noviembre de 1985, cuando los dos magistrados terminaban la acusación que llevaba el título de "Abbate, Giovanni + 706", salían de la isla y retornaban a su vida en la otra isla. Un mes después, Giovanni y Paolo debían pagar 415.000 liras por el alojamiento y la comida por la estadía de ellos y sus familias en la cárcel. Particularidades de la lucha antimafia.


El siguiente año sería muy importante para Giovanni, tanto en lo profesional como en lo personal. El 10 febrero de 1986 comenzaba el mega juicio contra la Cosa Nostra. Se llamaba el Maxiprocesso di Palermo, un título que servirá y se repetiría cada vez que se produjera un juicio contra la mafia con una cierta cantidad de mafiosos imputados. Para la realización del juicio se invertían 36.000 millones de liras en la construcción de una sala en la que tendría lugar el juicio. Parecía más bien un bunker que una sala. De hecho, lo era, con un sistema de defensa y paredes resistentes a ataques con cohetes o misiles. En la sala se instalaban celdas. También 850 metros cuadrados de cristal blindado lo que hacía a la sala mucho más segura que la propia cárcel palermitana de Ucciardone, que era el lugar donde la construían.


En medio del juicio y con la sensación de una gran parte del trabajo terminado -todavía muchos de los líderes de la Cosa Nostra se encontraban prófugos y la complicidad de los políticos y empresarios se seguía investigando en un expediente separado-, Giovanni y Francesca decidían celebrar su amor. Se habían logrado divorciar, vivían juntos desde hacía por los menos cuatro años en un departamento en la vía Notarbartolo -la primera víctima inocente oficial de la mafia siciliana- y se casaban en una ceremonia íntima, donde participaba solo un pequeño grupo de familiares y amigos. La unión era consagrada por Leoluca Orlando, el alcalde de Palermo. Como testigos estaban una amiga de Francesca y Antonino Caponnetto, el líder del pool antimafia. A la noche, los recién casados recibían a un número mayor de amigos que en los que hubo en la ceremonia. Tampoco a tantos, Giovanni no soportaba que lo vieran contento con tanto sufrimiento a su alrededor.

La sala de audiencias donde se realizó el Maxiprocesso di Palermo en la carcel cárcel de Ucciardone
La sala de audiencias donde se realizó el Maxiprocesso di Palermo en la carcel cárcel de Ucciardone

El 16 diciembre de 1987 después de 21 meses, 638 días y 349 audiencias, el Maxiprocesso di Palermo que había comenzado con 475 acusados por 120 asesinatos, tráfico de drogas, extorsión y asociación mafiosa, terminaba con 339 de ellos condenados a 19 cadenas perpetuas, 2.665 años de prisión -en conjunto- y con 11.500 millones de liras de multa. El Maxiprocesso era ya todo un hito político, judicial y cultural. Ese juicio se convertía en una verdadera bisagra en la lucha contra la mafia. Inmediatamente después de finalizado el juicio, los abogados defensores comenzaban a preparar las apelaciones y gran parte de la política se ocupaba, mejor dicho, se preocupaba por detener todas aquellas investigaciones que aún seguían abiertas y que resultaban inoportunas a su pasado e intereses. Borsellino abandonaba el pool antimafia y se transformaba en el Prefecto de Marsala, la ciudad más poblada de la provincia de Trapani. Antonino Caponnetto esperaba la orden para retornar a Florencia y dejar su puesto a Giovanni. Pero una parte de la política y del Consejo Superior de la Magistratura -la institución a través del cual se autogobierna el Poder Judicial de Italia- tenían otros planes para él.


La política de persecución a la mafia que, durante todos esos años, un grupo de jueces y fiscales con Giovanni a la cabeza desplegaron, generaba la desaprobación de un nutrido grupo de la sociedad siciliana, que prefería continuar negando la existencia de la mafia, aunque la sufriera y padeciera. Tampoco era algo del agrado de los políticos que mantenían estrechos vínculos con la Cosa Nostra y que comenzaban a salir a la luz a partir del trabajo judicial. Los miembros del pool, otros colegas de Giovanni y los sectores políticos que reconocían el trabajo que estaba realizado lo apoyaban y lo promovían como el reemplazo natural de Antonino Caponnetto. El sector que se oponía, a último momento lograba que el magistrado Antonino Meli, un hombre de carrera, pronto a jubilarse y sin experiencia en juicios contra la mafia se presentará a concurso y resultará electo. Aquel tropiezo desalentaba a Giovanni que comenzaba a sentir que ya no solo debía enfrentarse a la mafia, sino también a sus particulares detractores.

Giovanni Falcone, Paolo Borsellino y Antonino Caponnetto
Giovanni Falcone, Paolo Borsellino y Antonino Caponnetto

Después de la elección, Antonino Meli comenzaba un enfrentamiento público contra Giovanni y los demás funcionarios del pool antimafia. El nuevo jefe negaba pública y judicialmente la tesis de la mafia como organización estructurada y jerarquizada que había confirmado la sentencia del Maxiprocesso. Al mismo tiempo, ordenaba desmantelar definitivamente el pool antimafia, interrumpir los juicios en proceso y distribuir las causas en todas las oficinas, perdiendo la integralidad y los beneficios del trabajo en equipo. Las presiones sobre Giovanni crecían ante cada nueva investigación que él iniciaba y que en muchos de los casos se orientaban para demostrar la complicidad de ciertos sectores políticos, empresariales y de los grandes medios de comunicación con la Cosa Nostra. Comenzaban tiempos en donde se hacía circular de manera precaria -pero muy bien organizada-, una serie de calumnias públicas contra Giovanni, que en un principio -y solo en un principio- lo harían recordar a aquella carta que una vecina de su edificio publicaba en el diario Giornale di Sicilia y en la cual se quejaba del ruido de las sirenas de las patrullas de su escolta. " ...ciudadano honesto que paga impuestos regularmente y trabaja ocho horas al día. Cada día (no hay sábado ni domingo que importe), por la mañana, a la hora del almuerzo, a primera hora de la tarde y por la noche (sin límite de horario) soy literalmente acosado por las continuas y ensordecedoras sirenas de los coches de policía que escoltan a los varios jueces. Ahora me pregunto: ¿será posible que no podamos descansar un poco durante el intervalo de trabajo, o al menos ver un programa de televisión en paz, dado que, incluso con las ventanas cerradas, el ruido de las sirenas es muy fuerte?".


Las primeras calumnias que circulaban sobre Giovanni eran sobre todo de carácter personal y bastante ridículas para el hecho. Se lo acusaba de vanidoso, egocéntrico y de querer crecer profesionalmente sobre la base de la lucha contra la mafia. Pero el tono de las calumnias se convertía en algo mucho más grave y preocupante para la seguridad de Giovanni. Las cartas circulaban entre los pasillos de los Tribunales de Palermo, llegaban a las oficinas de los funcionarios superiores y luego se filtraban a la prensa. Muchas de ellas tendrían el membrete de algunas reparticiones del Estado. En ella comenzaban a acusarlo de tomar partido por la vieja mafia, aquella que los corleoneses habían diezmado unos años antes. Eran los primeros días del mes de junio de 1989 y Salvatore Cotorno, aquel arrepentido que se había convertido en un pentito como Tommaso Buscetta, era detenido en Sicilia. En las cartas -seis en total- se acusaba a Giovanni y a varios miembros de las fuerzas de seguridad de autorizar el regreso de Contorno a la isla para que este localizara a Riina -el boss supremo de la Cosa Nostra y quien ordenaba los asesinatos y atentados- y lo asesinara. Algunos medios llegaban a titular que Cotorno era un sicario del Estado o que Contorno era el sicario personal de Giovanni. La investigación judicial que se abría con relación a todas esas cartas se dirigía hasta los magistrados, los cuervos, el apodo despectivo que utilizan los mafiosos para nombrar a los magistrados por la toga negra que utilizan en las audiencias.

Giovanni Falcone escoltado.
Giovanni Falcone escoltado, como la mayor parte de su vida como magistrado.

Además de ser difamado durante toda esa etapa, reconocida luego como la temporada de los venenos, Giovanni y Francesca sufrían un primer intento de atentado. El 21 de junio de 1989, mientras el matrimonio vacacionaba en una villa en Addaura -al límite de la frontera sur de Palermo y Mondello-, los escoltas de Giovanni descubrían una mochila cargada con 58 kilos de TNT que habían sido escondidos unos pocos días antes de que Giovanni y Francesca llegaran a la villa. La suerte o la impericia quería que el mando a distancia con el cual se accionaba la bomba fallará. Quienes intentaban perpetrar el atentado fallaban en su cometido, pero conseguían intensificar los miedos y las alarmas en Giovanni, Francesca y sus escoltas. Giovanni inmediatamente comenzaba a sospechar que el atentado había sido planificado por la Cosa Nostra, pero como ese intento de atentado tenía un cierto nivel de sofisticación -uno mucho más elevado que cualquiera anterior- lo hacía sospechar sobre la posible implicación de los sectores corruptos de los servicios secretos italianos, los popularmente denominados como desviados. El intento de atentado en Addaura ponía nuevamente a prueba la fortaleza del matrimonio Falcone - Morvillo que discutían frecuentemente. Giovanni le pedía terminar la relación debido al riesgo de vida que él corría y que por transición Francesca también lo hacía.


Por intermediación del propio presidente de la República, Giovanni ocupaba el cargo de Fiscal Adjunto de Palermo, y si bien el clima de hostilidad, calumnias y ataques se mantenía, nuevamente lograba avances en algunas cuantas investigaciones de gran magnitud y de amplia geografía: Sicilia, Milán, Suiza y los Estados Unidos. En febrero de ese mismo año, la sentencia del Maxiprocesso era revisada por el Tribunal de Apelación. Para ese entonces, muchos de los condenados ya habían concluido su condena. Entre los años que habían pasado desde que había sido detenido y la sentencia del Maxiprocesso, muchos concluían su posterior condena con antelación. Después de 22 meses de revisión en el tribunal, el resultado terminaba siendo bastante desalentador: de las 19 condenas a cadena perpetua se mantenían 12 y de las 346 condenadas se confirmaban 258. Giovanni lo sentía como parte de un ataque que también iba dirigido a él. La sentencia de segunda instancia desacreditaba judicial y públicamente la tesis que Rocco Chinnici, Giovanni Falcone, el pool antimafia y los policías asesinados tanto habían defendido.


Los ataques sobre Giovanni continuaban y dificultaban cada vez más su trabajo. Esa situación lo llevaba a aceptar la vieja propuesta del ministro Justicia para dirigir la Oficina de Asuntos Penales del Ministerio de Gracia y Justicia en la ciudad de Roma. Para trasladarse junto a Francesca a la capital de la Nación, ella también solicitaba su traslado y se incorporaba como parte de la Comisión Examinadora de las Oposiciones a la Judicatura. En su nuevo cargo y en su nuevo estilo de vida, con aparentes menores riesgos a su seguridad y a la de Francesca, Giovanni desde su cargo ejecutivo impulsaba la creación de la Dirección de Investigación Antimafia (DIA) y la Dirección Nacional Antimafia (DNA). Con la primera tenía el objetivo de coordinar a los fiscales antimafia de todo el país; con la segunda, conformar un grupo de élite con miembros de las distintas fuerzas de seguridad que solo se dedicaran a investigar a las organizaciones mafiosas.


Los relativos buenos tiempos de Giovanni y Francesca en Roma se interrumpían de golpe cuando el 9 de agosto de 1991 era asesinado el magistrado Antonino Scopelliti, el funcionario que había apoyado la tesis de Giovanni ante el Tribunal de Casación. En el funeral de su colega, Giovanni nuevamente tomaba conciencia del riesgo que su oficio y vocación le traían aparejado. Reconocía que por más distancia que él tomará de Sicilia, Sicilia siempre allí seguía. "Si lo han decidido, nunca se detendrán, ahora soy el próximo". Su presunción era acertada. Un equipo de sicarios encabezados por Matteo Messina Denaro -el príncipe de la mafia- llegaba hasta Roma e intentaba asesinar a Giovanni, al presentador de televisión que se había mofado de la mafia, Maurizio Costanzo y al ministro de Justicia, Claudio Martelli.

“Si queremos luchar eficazmente contra la mafia, no debemos transformarla en un monstruo ni pensar que es un pulpo o un cáncer. Tenemos que reconocer que se parece a nosotros”.
“Si queremos luchar eficazmente contra la mafia, no debemos transformarla en un monstruo ni pensar que es un pulpo o un cáncer. Tenemos que reconocer que se parece a nosotros”.

Giovanni recibía nuevas críticas al impulsar un paquete de nuevas leyes con el objetivo de centralizar las investigaciones antimafia, endurecer las penas por los delitos mafiosos y la posibilidad de disolver a los municipios infiltrados por la mafia. Los magistrados y los políticos que se encontraban enfrentados con Falcone nuevamente lo volvían a atacar públicamente y lo acusaban de querer concentrar el poder antimafia bajo su mando a través de ese proyecto. Para suerte de Giovanni y todos aquellos que dieron la vida o la muerte para alcanzar las sentencias del Maxiprocesso, el Tribunal de Casación, el 9 de diciembre comenzaba a revisar la sentencia. El 30 de enero de 1992, los jueces del tribunal emitían una nueva resolución judicial que confirmaba la mayor parte de las condenas en la sentencia de primera instancia.


El nuevo y definitivo revés judicial para los líderes de la Cosa Nostra ponía sobre la superficie los acuerdos incumplidos para con ella de un grupo de políticos. La imposibilidad de designar a un juez reconocido por beneficiar a los mafiosos condenados sobre la base de cuestiones extremadamente técnicas -el magistrado Corrado Carnevale se apodaba “el mata sentencias”-, ponía a los líderes de la Democracia Cristiana en Sicilia a ojo de tiro de la mafia. Nunca más específica está frase, ya que el 12 de julio de 1992, dos sicarios en moto sorprendían al Miembro del Parlamento Europeo, Salvo Lima y lo ejecutaban con varios disparos. También lo atropellaban. Lima que había sido alcalde de Palermo, Diputado Nacional, nexo de la Cosa Nostra con el premier italiano Giulio Andreotti, ideólogo en instrumentador del saqueo de Palermo, y el posible instigador del asesinato de Piersanti Mattarella, se convertía en la primera víctima de la mafia siciliana por incumplir los acuerdos pactados con ella.


Los viajes de Giovanni y Francesca a Sicilia desde Roma eran bastante frecuentes. Cuando el avión aterrizaba, la custodia que Giovanni tenía asignada en la isla, lo esperaba en la misma pista. El 23 de mayo de 1992 no era la excepción. Después de unos cincuenta minutos de viaje, a la puerta del avión detenido en la pista del aeropuerto de Punta Raisi, los esperaban los escoltas Giuseppe Costanza, Antonio Montinaro, Vito Schifani, Rocco Dicillo, Paolo Capuzza, Gaspare Cervelló y Ángelo Corbo. Giovanni quería conducir. Tomaba el volante del auto Croma blanco, el segundo de la caravana. Francesca se sentaba a su lado y detrás Giuseppe Costanza, quien ese día era su conductor designado pero que terminaba desplazado de su función. Fuera del aeropuerto se encontraban dos miembros de la Cosa Nostra. Controlaban los movimientos de los escoltas desde que salieron de la ciudad de Palermo y mientras esperaban a la pareja de magistrados en el aeropuerto. La autopista que une el aeropuerto y la capital de Sicilia es bastante sinuosa, en algunos tramos atraviesa la montaña y en otros parecería terminar en el mar Mediterráneo. A la caravana de tres autos blindados se sumaba un cuarto auto, uno que mantenía una prudente distancia de la caravana. Ese último auto lo conducía uno de los mafiosos que había estado vigilando el aeropuerto. A través de un teléfono informaba por qué sector de la autopista transitaba la caravana. Del otro lado, estaban dos mafiosos de alto nivel -Giovanni Brusca y Antonino Gioè-, cercanos al boss Riina y con suficientes laudos mafiosos como para dirigir aquella compleja operación. Los dos estaban en una colina, a la entrada de la ciudad de Capaci, justo en el desvío de la autopista A29 con dirección a Palermo. A las 17:58, a la altura de Capaci, la tierra se abría y el infierno hacía erupción. El primero de los autos de la caravana explotaba justo encima de la bomba. Terminaba a más de 200 metros en un campo de olivares y limoneros cercanos a la autopista. Todos sus ocupantes fallecían en el acto. El segundo de los autos chocaba de frente contra el bloque de cemento que se elevaba de la destruida autopista. El tercero lograba detenerse, chocando al segundo auto, pero todos sus ocupantes sobrevivían. El custodio y chofer del segundo auto -que ese día ejercía solo como custodia-, lograba salir del vehículo por sus propios medios.

El tamaño del atentado con Giovanni Falcone generó, en un principio, un registro sísmico.
El tamaño del atentado con Giovanni Falcone generó, en un principio, un registro sísmico.

Francesca quedaba atrapada en el vehículo y era rescatada por la poca gente que se acercaba hasta el lugar. Giovanni, en cambio, debía esperar a que llegaran los bomberos. Su cuerpo inconsciente sobre el volante del auto estaba atrapado. Después de ser rescatados entre los hierros retorcidos, Giovanni y Francesca eran trasladados a dos hospitales diferentes. El estado de salud de cada uno de ellos era extremadamente grave, con múltiples fracturas, contusiones y sangrados internos que complicaban los cuadros de salud. Giovanni había sido ingresado al Hospital Cívico de Palermo y en él sufría una repetida cantidad de ataques y paros cardiorrespiratorios durante más de una hora, tornándose imposible para los médicos la posibilidad de mantenerlo con vida. Giovanni Falcone moría a las 19:05 del 23 de mayo de 1992 en las manos de su amigo y colega Paolo Borsellino que enterado del atentado inmediatamente se había trasladado hasta el lugar. Francesca que primero había sido trasladada hasta el hospital de Cervelló y luego al Hospital Cívico de Palermo, en sus raptos de conciencia preguntaba una y otra vez ¿Dónde está Giovanni? ¿Dónde está Giovanni? Sus numerosas lesiones internas en el cuerpo le provocaban la muerte apenas pasada las diez de la noche. La masacre de la vía Capaci finalizaba cuatro horas después de iniciada.


Dos días después tendría lugar el funeral conjunto de todas las víctimas en la Iglesia de San Doménico sobre la vía Roma en la ciudad de Palermo: Giovanni, Francesca, Vito, Rocco y Antonio eran despedidos en un funeral de Estado. Ese 25 de mayo de 1992 alrededor de la iglesia se congregaba una multitud de sicilianos que buscaban rendir tributo y despedir a los héroes del Estado, a sus héroes. Pero en su lugar se encontraban con los mismos funcionarios que habían criticado, injuriado y abandonado Giovanni en la lucha contra la mafia. La multitud al advertir la presencia de los políticos no tardaba en reaccionar y los atacaban hasta hacerlos huir a riesgo de ser linchados. Todos los años, el 23 de mayo se realiza una larga serie de actividades en Italia, Estados Unidos y en otros varios puntos del planeta para conmemorar la vida y la obra del juez Giovanni Falcone, de la jueza Francesca Morvillo y de los agentes de policía Vito Schifani, Rocco Dicillo y Antonio Montinaro. Para algunos Giovanni Falcone y todas las otras víctimas pasaban a la inmortalidad como héroes -no superhéroes- que enfrentaban a la mafia. Pero Giovanni no solo era un héroe que sabía enfrentar al miedo, era un científico de la justicia.


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